Manoseo de la Procuraduría en caso de gobernador Ariel Palacios Calderón

Por Mario Serrato Valdés 

No había leído con rigor (mínimo tres veces) el acto jurídico en que se basó la Procuraduría General de la Nación para reintegrar al doctor Ariel Palacios Calderón al cargo que la democracia le otorgó.

Aunque tengo una buena y respetuosa amistad con el Doctor Fernando Carrillo, considero mi deber manifestarse mi asombro por el comportamiento de su funcionaria delegada en el caso de Ariel Palacios. Sea el momento de decir que la suspensión del cargo de Ariel Palacios Calderón tenía por soporte una interpretación estrecha hasta más no poder de una decisión administrativa y por base, un prejuicio con los administradores públicos chocoanos.

Pero en lo relacionado con el reintegro del Doctor Palacios Calderón, la Procuraduría renuncia por completo a su compromiso con la ley, e ingresa sin pudores en el campo incierto de especulación y el “me agarro de cualquier rama para no ahogarme”.

Arde el pecho ver a uno de los funcionarios más capaces y competentes de Colombia permitir que sus subalternos lo arrastren al fango de especulación y a la carencia de argumentación en la presentación de una decisión tan compleja.

Ariel Palacios Calderón nunca debió ser suspendido del cargo y falla la Procuraduría cuando lo reintegra sin respeto. Cuando se trata de administrar, cuando dicha facultad presenta características de justicia, el funcionario nunca debe olvidar la máxima escrita en las vainas de las espadas toledanas, “No me saques sin razón y no guardes sin honor”.

En el manoseo dado al Doctor Ariel Palacios Calderón, la Procuraduría careció de razón y también de honor.

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